La cultura con minúscula



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Los españoles somos gente abierta

Una puerta puede estar abierta o cerrada. La gente es abierta o cerrada. ¿Y qué significa esto? Si 5 minutos después de conocer a un español ya sabes cuántos años tiene, dónde trabaja, si tiene hijos, de qué está operado y cómo le va con su mujer.

Un español medio no tiene problemas para hablar de su vida privada. De hecho, es lo que se espera. El otro día conocí a un chico que en toda la conversación no me contó nada de sí mismo. ¡Qué persona más antipática! pensé yo. Y es que nos da mala espina conocer a alguien y no saber nada de él. Pensamos que nos está ocultando algo o que le caemos mal y por eso no nos quiere contar nada.

¿Dónde conocemos a gente? En la cola de la pescadería, en una librería, en el médico… Si dos personas están haciendo tiempo en el mismo sitio, seguramente empezarán a hablarse. El pretexto puede ser cualquiera: el calor que hace, lo mal que nos atienden, lo cara que se ha puesto la vida y lo mucho que nos hacen esperar… Sólo evitamos hablar de política, ya que este tema nos crispa mucho los nervios.

Tenemos mucha facilidad para llevar lo privado a lo público: hablamos de nuestra vida sentimental en el trabajo, en la calle, con los vecinos y hasta con el compañero de asiento del avión. Es normal hablar de nuestra familia incluso durante las entrevistas de trabajo.

Hay países en los que la gente se reúne para hablar de filosofía, poesía o cine. En España este fenómeno se da bastante poco. Nos reunimos para hablar de nosotros mismos: de nuestras preocupaciones, miedos, éxitos y fracasos. Pedimos consejos y aconsejamos a los demás. Nos animamos mutuamente, juntamos fuerzas para criticar a los demás. Si una reunión con tu tutor en la universidad no acaba en una charla amistosa, mala cosa. Porque según todas las encuestas, somos la nación que más tiempo pasa con la familia y los amigos.

Por eso en España los pequeños comercios cierran a las ocho de la tarde y no abren los domingos, a pesar de la competencia de las tiendas de chinos. Nuestro tiempo libre es sagrado, se lo dedicamos a los que queremos, aunque para ello haya que perder dinero.

Autor/a Jorge Gelfand